12 ABR 2019

Dos seminaristas serán ordenados diáconos en Lalín el 12 de mayo

El discernimiento continuo, la docilidad sincera, la educación integral y la libertad firme en la adhesión a Cristo son fundamentales para que la Iglesia conceda el sacramento del orden sacerdotal a aquellas personas que manifiestan tener esa vocación.

El próximo 12 de mayo la iglesia parroquial de Lalín acogerá el rito de ordenación diaconal de dos jóvenes de nuestra diócesis. La celebración comenzará a las 7 de la tarde y estará presidida por el obispo Monseñor Alfonso Carrasco, acompañado del rector del Seminario Diocesano David Varela, los formadores y un buen grupo sacerdotes. Los ordenandos son el lalinense Alejandro Asorey y el lucense Carlos Jesús Sánchez.
El obispo, hechos los «escrutinios» sobre la idoneidad de los candidatos y en diálogo continuo con el rector del Seminario, ha considerado que estos seminaristas pueden recibir el diaconado. Alejandro y Carlos Jesús forman parte de la comunidad del Seminario Diocesano desde el año 2007. En estos doce años han recibido una educación específica y rigurosa que les capacitará para vivir este misterio y ejercerlo con responsabilidad.
El obispo junto con el rector y los formadores del Seminario han decidido que las ordenaciones de estos dos seminaristas se celebren fuera de la ciudad de Lugo, donde es costumbre. Desean reconocer así el trabajo hecho en favor de las vocaciones sacerdotales en las comunidades del arciprestazgo de Deza aprovechando el año del centenario de la inauguración de la iglesia parroquial de Lalín.
Según el sacerdote Marcos Torres «la ordenación diaconal de estos seminaristas será uno de los momentos más importantes de la historia de la Iglesia que vive en nuestra tierra». El párroco considera que «todas las comunidades de esta zona prepararemos con ilusión ese gozoso día». Además desea que «la ordenación de Alejandro y Carlos Jesús sirva como ejemplo para otros jóvenes que estén sintiendo deseo de ser sacerdotes». «Ver a otros que han respondido a la llamada de Dios -asegura Marcos- hace más real la posibilidad para la vida de cada uno»
El diaconado, configuración con Cristo Siervo
El diaconado forma parte del sacramento del orden sacerdotal. Es distinto al presbiterado («cura») y al episcopado («obispo»), formando parte los tres grados del mismo sacramento.
El diácono es configurado con Cristo Siervo de los siervos y actúa «en la persona de Cristo Servidor», distinto del presbítero y del obispo que, en distinta forma, lo hacen «en la persona de Cristo Cabeza».
Según la Constitución Lumen Gentium «es oficio propio del diácono la administración solemne del bautismo, conservar y distribuir la Eucaristía, asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales y presidir los ritos de funerales y sepelios».
Para la Iglesia son fundamentales el discernimiento continuo sobre los candidatos, la docilidad sincera mostrada por ellos y la educación integral junto con la libertad firme en la adhesión a Cristo. En este sentido la «Ratio sacerdotalis» aprobada en 2016 recuerda lo afirmado en 2005 por la Congregación para la Educación Católica: «El solo deseo de llegar a ser sacerdote no es suficiente y no existe un derecho a recibir la Sagrada Ordenación. Compete a la Iglesia, responsable de establecer los requisitos necesarios para la recepción de los Sacramentos instituidos por Cristo, discernir la idoneidad (…) y llamarlo a las Órdenes Sagradas, si lo juzga dotado de las cualidades requeridas». Con esta aseveración queda claro que no depende únicamente del candidato sino que es la Iglesia, a través del obispo y sus ayudantes, la que juzga la necesidad y la oportunidad de una ordenación diaconal o presbiteral.