14 OCT 2018

"Familias, recuperad vuestro ser cristiano"

Querida parroquia, hermanos en el Señor:
En este domingo 28º del tiempo ordinario comenzamos oficialmente la catequesis en nuestra unidad pastoral.
“Catequesis” es una de esos términos que usamos con mucha frecuencia sin conocer su significado más profundo; una de esas palabras que forman parte de nuestro vocabulario cotidiano y que ni siquiera un instante nos hemos parado a pensar qué significan en verdad.
Catequesis.
¿Qué es la catequesis? ¿Qué significa “catequesis”?
San Juan Pablo II, en su exhortación apostólica sobre la catequesis, definió ésta como el conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre, para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el Cuerpo de Cristo, la Iglesia. (Catechesi Tradendae, 1)
Aceptamos esta definición y afirmamos, por lo tanto, que el fin de la catequesis es hacer discípulos de Cristo, ayudar a creer en Jesús y construir la Iglesia.
Diciendo esto decimos que el fin de la catequesis no es la Primera Comunión, ni la Confirmación, ni siquiera aprender muchos conceptos u oraciones. La catequesis es formar discípulos de Jesucristo. Por lo tanto, Él, Cristo, es el centro de la catequesis.
Y Jesucristo es una persona viva, es el Dios Vivo; no es un conjunto de verdades abstractas que no se sabe muy bien de dónde, Jesús es Alguien. Pues de ese Alguien, de Jesucristo, es de quien se habla (se predica) en la catequesis y a quien se conoce en la catequesis.
Una persona en catequesis es aprendiz de Alguien muy concreta que se llama Jesús. Y este aprendizaje empieza no cuando uno tiene los años exigidos para hacer la Primera Comunión, sino cuando uno nace; y este aprendizaje no termina cuando uno recibe el sacramento de la Confirmación, sino cuando uno muere.
Si la catequesis es conocer a Alguien concreto, la catequesis exige experiencia. Yo no puedo conocer de verdad sino vivo la experiencia. ¿La experiencia de qué? De Jesucristo. Por eso la catequesis no empieza cuando en el colegio se estudia segundo de primaria; la catequesis empieza en casa, en la familia.
Los primeros catequistas, o sea, los primeros que hablan de ese Alguien, son los padres, los abuelos. Por esto la catequesis se recibe, antes que en ningún otro sitio, en el hogar.
Es necesario que nuestras casas vuelvan a ser esa Iglesia que siempre han sido. Desde lo externo hasta lo interno. En lo externo: si sois padres y madres cristianos no es posible que en tu casa no haya una imagen de Cristo, de la Virgen María… ¡no es posible! En lo externo: haced que vuestros hogares sean hogares cristianos: comprad una cruz y ponedla en una pared, imprimid una imagen de Jesucristo, tened una Biblia. ¿Cómo es posible ser forofo del Dépor o del Celta y no tener nada externo en el hogar que lo demuestre? Pues lo mismo con nuestra vida cristiana: externamente se tiene que ver (¡ver con los ojos físicos!) que mi casa está habitada por cristianos.
E internamente también. Un padre cristiano, una madre cristiana, deben hablarle a su hijo, a su hija. de qué creen, o mejor dicho, de Aquel en quien creen. Es necesario que habléis de Jesús a vuestros hijos; sí, en su idioma, acorde a su edad, pero hablarles de Cristo, de María, como nos hablaban nuestras abuelas.
Y “después” vendrá la experiencia de Iglesia. Uno recibe en casa esta enseñanza y escucha hablar de Alguien que se llama Jesús y a ese Alguien le siguen muchas otras personas, de distintas edades, sexos, preferencias, opciones políticas, ricos, pobres, enfermos, sanos… y todos ellos forman el grupo de los seguidores de Jesús: la Iglesia. Y todos juntos formamos una familia que nos reunimos cada domingo para celebrar lo que Aquel que seguimos nos dijo que celebrásemos: la Santa Misa. Y unidos, como Iglesia, vivimos.
Si un niño no ha tenido nunca esta experiencia de Iglesia tan natural como es la Misa del domingo, ¿qué pensará que es la Iglesia?.
Y después de la experiencia de familia y de Iglesia, viene la catequesis… “formal”. Que no es más, ni menos, que el encuentro de pequeños grupos de amigos con catequistas, personas adultas que, en nombre de Jesucristo, siguen profundizando en las enseñanzas sobre esta Persona a la que seguimos.
Por lo tanto, hoy iniciamos oficialmente esta parte de la catequesis “formal” pidiéndoos a los padres y madres de familia que recuperéis vuestro ser cristianos, que devolváis a vuestro hogar a Jesucristo, que seáis la primera Iglesia con la que los vuestros se encuentren.
A los abuelos… ¡sed lo que sois: abuelos! ¡Y como “los de siempre”, sin miedos, sin complejos, empezando por el “ángel de mi guarda” y el “cuatro esquinitas tiene mi cama”!
Agradezco a los catequistas su implicación y pido al Señor Jesús que nos ayude a ser testigos creíbles, ¡a todos!
Ponemos todo en manos de María, Ella es, sin duda, la mejor catequista, la Madre Buena que nos puede hablar, como nadie, de su Hijo Jesús; a quien seguimos.
-Marcos Torres, párroco-